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Hay que dar una oportunidad a las mujeres con discapacidades

La realidad es que la discapacidad es tanto una causa como una consecuencia de la pobreza

Nkechi S. Owoo es socia de investigación no residente en el Centro para el Desarrollo Global en Washington y en la Alianza de Política Económica en Nairobi, Kenia.
Nkechi S. Owoo, economista de la salud y demógrafa en la Universidad de Ghana.

Es bien sabido que las mujeres en las economías en desarrollo tienen menos oportunidades educativas y laborales que sus pares varones, lo que se traduce en tasas más altas de pobreza.

En Ghana, por ejemplo, los hombres tienen tasas de empleo e ingresos más altos que las mujeres, y es menos probable que se vean envueltos en empleos vulnerables. Lo que no se sabe tanto es que, según algunas métricas, la brecha no se está achicando lo suficientemente rápido: las mujeres en las economías en desarrollo siguen representando un porcentaje significativo de las personas económicamente en desventaja. Si a esa mezcla le sumamos la discapacidad, los desafíos que enfrentan las mujeres son aún mayores.

Hay más de 1.000 millones de personas que viven con discapacidades en todo el mundo; el 80 % del total en países en desarrollo. Si bien existen muchos modelos para medir la discapacidad, algunas conclusiones son indiscutibles: es más prevalente entre las mujeres (un 19 %) que entre los hombres (el 12 %); la gente con discapacidades enfrenta barreras enormes en materia de educación y empleo, lo que deriva en tasas más elevadas de pobreza de por vida, y los resultados para las mujeres con discapacidades son aún peores que para sus pares masculinos.

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